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En la plataforma que la rodea se construyó la galería que hemos llamado de las Ofrendas, donde se ha
encontrado un verdadero tesoro, depositado seguramente en conmemoración de la construcción del atrio.
Otra galería, aún no excavada, guarda ofrendas en conchas de mar, principalmente de las especies
Spondylus princeps y Strombus galeatus.
En la mencionada plaza circular hundida también hay dos escalinatas alineadas en el eje este-oeste, una de
entrada y otra de salida. Por la del oeste se accedía a una plataforma en la que posiblemente había tres
vanos-uno central conectado con dos laterales-, desde la que se subía a las instalaciones de la nave central
del templo. Del vano central partía una escalinata que llevaba hacia la cima del templo, donde había un recinto
que desapareció con el aluvión de 1945. La escalinata del vano sur, de la que existen aún algunas gradas,
conducía al conjunto de galerías que están asociadas al Lanzón. La del vano norte aún está cubierta por las
deposiciones posteriores. Todas estas escalinatas eran interiores, de modo que lo que se apreciaba desde el
atrio eran sólo sus entradas.
La plaza circular hundida y sus frisos
La plaza circular hundida, enlosada con piedras amarillas, es un espacio sagrado ubicado en el centro de una
plataforma cuadrada y a 2,10 m de profundidad. Tiene 21 m de diámetro y está dividida en dos mitades, una
occidental, pegada a la plataforma central, y otra oriental. El muro occidental estuvo cubierto por dos series
continuas -una encima de otra- de lápidas grabadas, la de abajo, de unos 30 cm de alto por 60 cm de
ancho, con imágenes muy realistas de felinos vistos de perfil, y la de arriba, de alrededor de 60 cm de lado,
con personajes organizados en una suerte de procesión en la que aparecen unos trompeteros o tocadores de
pututu -una caracola marina de sonido profundo-, un portador de una rama de cactus San Pedro y otros
danzantes.
En las lápidas superiores, la procesión de los músicos y danzantes está grabada a ambos lados de la
escalinata occidental de la plaza circular y sólo en este hemiciclo. Ahora sólo quedan 5 , pero debieron de
haber 14 en cada lado. Ellos -también los felinos de la parte inferior del muro- se dirigen desde los dos
lados hacia el centro, de modo que los que vienen del norte caminan hacia el sur y viceversa. Miran hacia la
escalinata, aunque hay al menos uno -o dos- en cada lado que mira hacia el centro de la plaza, donde
debió de estar clavado el Obelisco Tello. Es decir que, mientras que los demás están de perfil, estos últimos
están de frente. Los músicos y danzantes iban muy bien ataviados, con coronas, mantos y adornos simbólicos
que seguramente hablaban de sus dignidades.
Los felinos, en las lápidas inferiores, caminan todos, desde el norte y el sur, hacia la escalinata. Sus cabezas
son básicamente iguales, pero sus cuerpos, por parejas, son diferentes. Están individualizados, de modo que
cada uno debe de haber representado algo distinto. Es tentador pensar que representaban constelaciones o
fuerzas cósmicas diferentes. Los felinos acompañaban desde abajo a los dignatarios, quienes ocupaban un
lugar destacado en la procesión.
Todos -músicos y danzantes, y felinos- avanzan hacia el centro, siguiendo la misma dirección que la
sombra del Obelisco por las mañanas a lo largo del año. En el solsticio de invierno (21-24 de junio), cuando va
a empezar el año agrícola, la sombra apunta hacia el sudoeste y "camina" hacia el centro, donde se
encontraría el Obelisco.
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