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El dintel de los jaguares
Cuando se sube desde la gran plaza cuadrangular, en dirección a la portada del templo mayor (Templo Nuevo), se asciende por unas escalinatas muy anchas, soberbias, de piedras blanquísimas. Estaba adornada por unas columnas cilíndricas al parecer lisas, que sostenían un dintel con las imágenes de cuatro felinos que estaban juntos, en parejas, sentados unos al lado de otros (y no en fila), de modo que la composición aparece con pares de cabezas, unidas por una sola gran boca -como siameses- y un cuerpo alargado, como si fuese la imagen de un saurio, con dos pares de patas. Pero no es un saurio; en Chavín, el detalle de las cabezas es un indicador fundamental para identificar la imagen, y las bocas, las orejas y los nostriles de esta composición son las que aparecen con los felinos en otras representaciones y de ningún modo en relación con los lagartos. La posición de sus piernas -una adelante y otra atrás- recuerda a la de los saurios, pero también a la imagen casi retratista de un felino pintado en los muros de Sechín. Los felinos parados tienen las patas hacia adelante; en este caso, se trata de felinos sentados. Este detalle y el hecho de que entre las piernas hay una plumas o escamas, hizo pensar a algunos analistas que se trataba de un dragón como el que aparece en el Obelisco Tello.
Al igual que todas las demás figuras de Chavín, aquí también los personajes miran en dirección al centro, unos desde el norte y otros desde el sur.
Cerca de estas escalinatas, en algún momento, alguien enterró los restos de una hermosa columna de piedra negra, grabada con imágenes de felino, de un estilo muy antiguo, de la época del ídolo del Lanzón y que no parece haber formado parte de la portada de los Jaguares, aun cuando esto no lo podemos saber ahora.
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